La vida está llena de caminos alternativos; hay senderos angostos y serpenteantes, caminos rectos y amplias carreteras. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad y el privilegio de poder elegir por dónde caminar.

"Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón, porque quien mira hacia afuera duerme y quien mira hacia adentro, despierta" (Carl Jung)


sábado, 1 de mayo de 2010

La experiencia personal de la salud

Nuestro cuerpo echa raíces en la tierra y nuestra conciencia nos eleva hacia los mundos sutiles; las experiencias van creando puentes entre la Tierra y el Cielo; entre el caos y el cosmos, en nuestro camino hacia el re-encuentro con nuestro Ser esencial. La salud es una experiencia personal, una elección de vida, un compromiso que asumimos al nacer,es nuestra responsabilidad. Es el equilibrio entre todas las energías que nos transitan y nos habitan;que nos vinculan hacia adentro y hacia afuera. La salud también se relaciona con la salud de nuestro planeta; ambas sostienen una sintonía íntima que a veces, nos pasa desapercibida. En nuestra tradición occidental - esencialmente racionalista- habitualmente consideramos indiscutible todo lo que nos dice el intelecto; nuestra mente siempre quiere tener la razón; es parte de su propia naturaleza. Vivimos ocupados con lo que ocurre a nuestro alrededor, afuera de nosotros y lo hacemos parte de nuestra propia vida. Nuestro mundo de la acción es el mundo exterior al que permanentemente queremos modificar, sobre todo para que no nos dañe. Creemos que las soluciones llegan siempre desde afuera. Generalmente desconocemos la importancia de la información intuitiva y generamos archivos enormes de datos científicos que vamos almacenando hasta compulsivamente y sin darnos cuenta que van restringiendo los espacios libres de la mente dificultando el acceso rápido a la información guardada (como ocurre con la memoria llena de una computadora). La salud es una experiencia personal. Vivirla plena y conscientemente es fundamental; nos ayudará a comprender los procesos de salud-enfermedad, a vivirlos desde sus profundidades y sosteniendo –de la mejor manera posible- el equilibrio de fuerzas entre cuerpo-emociones-pensamientos-espíritu. Necesitamos ir hacia adentro, observarnos conscientemente despojados de filtros subjetivos y culturales. Los síntomas aparecen para guiarnos, no para maltratarnos.Tampoco son ogros o pequeños monstruos que pretendan asustarnos. Necesitamos valor para mirarlos de frente y de perfil, del derecho y del revés y girar alrededor de todas sus facetas. Necesitamos asumir una actitud personal, coherente y responsable frente a ellos y estar absolutamente decididos a descubrir la verdad. Es difícil aceptar aquello que no podemos probar con los cinco sentidos y corroborar a través de la razón; pero tampoco podemos negar lo que es evidente cuando ocurre más allá de la lógica y del pensamiento científico. Los síntomas no desaparecen sólo con la ayuda externa; tenemos que explorarlos conscientemente, preguntarnos más allá de lo que vemos o sentimos, actuar con decisión y hacernos cargo de ellos. Permanecerán latentes y despertarán nuevamente su agresividad en la primera oportunidad en que estemos “distraídos”. Cada síntoma nos trae un mensaje especial; aparece para llamar nuestra atención sobre alguna actitud frente a la vida que necesitamos modificar; nos está dando una oportunidad para mejorar y evolucionar; para reconocernos como criaturas llenas de luz. La salud es como un holograma; su imagen completa aparece al observar cada una de sus partes, que cuando las unimos, nos proporcionan una información más minuciosa y clara de la totalidad; se vuelve más nítida y -como una imagen- alcanza mayor definición. En un holograma, cada una de las partes contiene la información del todo; en la salud, cada síntoma es una parte del holograma. La salud es una experiencia dentro de un marco de convivencia con otros seres, parte de un ecosistema, en un planeta llamado Tierra que es a su vez, parte de un todo mayor -nuestro sistema solar- influido por otros universos y por factores naturales, telúricos y cósmicos. La experiencia física nos permite conmovernos, darnos cuenta que estamos vivos; es personal y a la vez, podemos compartirla con otros seres y aprender juntos. La experiencia personal de la salud es nuestra escuela de vida y nuestro cuerpo, apenas una parte de la experiencia completa. Para comprender la inmaterialidad de la salud, cuyos patrones están más allá de los ojos, de las formas tangibles, de lo concreto, necesitamos trascender nuestra corporalidad expandiendo la conciencia. Somos en relación con los demás; existimos en los otros y nos reflejamos en ellos. Nuestras relaciones interpersonales, nuestros vínculos con el medio ambiente terrestre y cósmico, con los elementos de la naturaleza planetaria, los sonidos, los colores, las fragancias, con el mundo de las energías sutiles, los alimentos, la respiración... nos asisten en nuestro aprendizaje de la salud.

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